Numb's profileEl mundo de un funámbuloBlog Tools Help

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    24 March

    Venus de muerte

    La puerta se abre con un golpe de aire. Sobre un pedestal de miles de globos oculares se alzan un millón de poros, y de cada uno surge una espina con una leyenda grabada en la que se puede leer el olor que desprende. Si se observa desde la distancia, las espinas desaparecen y los poros se agrupan y conforman un cuadro tridimensional tocado por miles de hebras negras, finas y delicadas, que caen sobre una balanza que sostiene dos péndulos rematados por cinco pesas cada uno. Más abajo, fotografías de existencias paralelas, una que se aferra a la vida y otra que cae en un abismo multicolor que explota para volver al negro de la pequeña cueva que le observa, esperando una gota de hielo. A través de una vidriera de colores primarios se perciben dos columnas de base no analógica, pero que se desplazan y giran, se separan y se unen, y en uno de los latidos permiten atrapar un destello cegador, la luz que conduce al mar del deseo y la tranquilidad, en la cara oculta del dolor. En el cielo, el sol ha desaparecido de repente para dar paso a la luna, y su luz plateada convierte los ojos en bocas sedientas con lenguas emergentes y obscenamente largas que se llenan de sangre al clavarse las espinas que no ven. Un charco de sangre azul desafía la gravedad y asciende por las columnas y llena de figuras tatuadas las columnas y el templo que sostienen, y el conjunto adquiere forma humana que, una vez cubierta de mil dibujos de tinta amarga, cierra la tapa de miles de ataúdes y reza una plegaria de muerte. El viento cierra la puerta.

    23 March

    Cristales de luna

    Las retorcidas barras del balcón contrastan con la perfección de sus piernas, visibles al trasluz del camisón recién puesto. Unos ojos la tocan desde un lecho revuelto, aromado de perfume y sudor, mojado de zumos de vida inerte, y brillan con la avaricia del deseo incontenible.

    La silueta del balcón alza la mirada al cielo y se pierde en paisajes oníricos de virtudes devueltas, de entregas retornadas por Santa Rita, Rita, devuélveme lo que él me quita. Pronto llueven lágrimas negras sobre la barandilla y no quiero volver a entrar, no quiero que me vuelva a tocar, trágame tierra y devuélveme al cielo caleidoscópico de burbujas del jardín de mis primaveras sin mancha recién nacidas.

    Un leve ruido sugiere que los ojos cobran vida en la habitación, no te acerques, y unos pasos dan vida a temblores contenidos. Un cajón se abre y una esperanza renace al amparo de la brisa nocturna, los jardines se difuminan, la luna se rompe en mil esferas diminutas, cristales casi microscópicos, esparcidos ordenadamente sobre la cómoda, y la silueta se gira atraída por ellos como si fuera marea baja, y se acerca y los observa, perfectamente alineados.

    Desea más que nunca rezar su oración de inmediata recompensa y se arrodilla para encender la vela que una mano ajena sostiene, y la prende y la moldea y la agota, con la mirada, ya implorante, que agradece la caricia que le acerca a la salvación una vez más, al billete enrollado que introducirá en el cepillo de sus fosas nasales y que conducirá los cristales de luna al lugar donde los prados vuelven a ser verdes y las aguas suenan cantarinas.