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31 August Lentos, apáticos, los
últimos días de julio caían como losas sobre las espaldas de la gente, que
apuraba los últimos días de trabajo a la espera de las ansiadas vacaciones. El
verano estaba en pleno apogeo, el sol taladraba sin tregua todos los rincones de
la ciudad, y los periódicos se llenaban de informaciones sobre el cambio
climático.
P nunca había creído demasiado en él ni en las desgracias que profetizaba. Mientras
caminaba hacia su casa, reflexionaba sobre lo difícil que le resultaba aceptar
que un planeta que había sufrido condiciones extremas a lo largo de su existencia
pudiera ahora desmoronarse por medio siglo de frenética actividad industrial
humana. Estaba convencido de que la Tierra seguía su evolución, y que el factor
humano era tan sólo un elemento más a tener en cuenta entre otros muchos, de
los cuales gran parte, a buen seguro, ni siquiera debían conocerse. Por otra
parte, le molestaba profundamente que su especie se considerara el epicentro
del universo. Al fin y al cabo, se decía, "no somos más que otro eslabón
en el tiempo, condenado a la extinción desde el mismo momento en que
aparecimos, como todas las demás especies".
Sin embargo, las noticias, reportajes y documentales sobre el cambio climático
no eran la única información importante de los últimos meses: los temas
relacionados con la robótica y la inteligencia artificial ocupaban cada vez
mayor espacio editorial, e incluso la radio y la televisión dedicaban
monográficos en los que se amontonaban datos y teorías frecuentemente contradictorios.
Internet se llenaba de foros en los que gente de todo tipo vertía sus opiniones,
y se creaban weblogs y páginas específicas dedicadas a anunciar cualquier
novedad que surgiera, sin que nadie se ocupara de contrastar su veracidad. Tampoco
habían tardado en inaugurarse nuevas teorías de la conspiración, publicitadas a
través de la red y difundidas al resto de la población por avispados escritores
que, amparados por el género de ficción, manejaban y retorcían a su antojo todo
dato que caía en sus manos para elaborar historias noveladas que introducían la
duda en sus lectores, creaban corrientes de opinión y, lo más importante para
sus autores, incrementaban desmesuradamente sus cuentas corrientes. Si el
efecto que se buscaba era lograr que la opinión pública se interesara en ello,
había que reconocer que se había conseguido: encuestas a pie de calle
reflejaban que la preocupación por el desarrollo de máquinas inteligentes,
independientes de sus humanos creadores, había pasado a ocupar el tercer puesto,
tras el terrorismo y el precio de la vivienda, y por encima del paro y la
corrupción.
P también era escéptico sobre la existencia real de máquinas que desarrollaran
su inteligencia y su vida al margen del ser humano. Estaba absolutamente
convencido de que quienes ostentaban realmente el poder en el mundo, fueran
quienes fueran, hacía décadas que utilizaban la enorme influencia que la
difusión de determinadas informaciones tenía sobre la población. No dudaba de
que la propagación de inquietantes revelaciones científicas era un arma empleada
para mantener a la gente preocupada por ciertos asuntos, con la finalidad de que
no se ocupara de lo que de verdad era importante. Y también tenía asumido que
todas estas acciones conducían al aislamiento entre las personas, y como
consecuencia se evitaba la más mínima capacidad de rebelión. "Y no es que
el individuo no tenga conciencia", pensaba para sí mismo, "lo que
ocurre es que la masa social es incapaz de unirse y actuar bajo una misma idea...
bajo una misma idea... bajo una misma idea... bajo una misma idea...bajo una
misma idea...". P se golpeó el parietal derecho con la palma de su mano
abierta. "...bajo una misma idea. Tengo que acordarme de echar la lotería,
a ver si tengo suerte de una vez".
06 April Un niño pasea, cogido de la mano de su padre, por las calles de la gran ciudad. Es un trayecto iniciático, la primera vez que sus noventa y cinco centímetros de altura se sumergen en la marea humana que oculta las aceras.
A veces, arrastrado por el brazo que le apresa y le dirige, ha de correr y esquivar bosques de piernas que le salen al paso. Ante él aparece un mundo extraño, un universo de seres sin rostro ataviados con diferentes calzados, pantalones, faldas y vestidos; una plantación móvil de maletines, bolsos y mochilas que amenazan con golpearle a cada instante; una selva que apenas le permite encontrar la luz del sol.
El padre, ajeno a los interrogantes que se adivinan en los ojos desmesuradamente abiertos de su hijo, se zambulle con él en una boca de metro, y lo obliga a traspasar el torno que gira y le golpea, al completar la vuelta, en la espalda. Ya en el andén, un ruido monstruoso se acerca desde la oscura boca del túnel, y un tren hace su entrada en la estación disminuyendo bruscamente su velocidad. Una mujer gira una maneta y las puertas se abren con un movimiento violento y espasmódico. Suben al vagón y el niño trata de sujetarse a una barra que une el techo y el suelo en la que se agolpan, por encima de él, no menos de seis manos. Las cercanas rodillas de los pasajeros le dan algún que otro suave golpecito. Tras un corto trayecto, abandonan el metro en una moderna estación, gracias a unas gigantescas escaleras mecánicas, donde apenas llega a alcanzar la cinta de goma deslizante a la que intenta aferrarse para aguantar mejor el equilibrio.
Una vez fuera, el padre se detiene a comprar el periódico, mientras el niño evita la quemadura de un cigarrillo enganchado a una mano que está a punto de rozarle. Entran en un bar y, tras sortear su cabeza las afiladas esquinas de las mesas, se sientan en una de las escasas mesas libres del local. Un zumo de melocotón calma la sequedad de su boca y su garganta mientras escucha a su padre, que le pregunta:
"– ¿A que lo has pasado bien en el paseo? Cuando hagamos el recado volveremos a casa en autobús, ya verás qué divertido."
31 January
A ti
Tu cuerpo, que un tiempo fue suave, se volvió poco a poco áspero y, súbitamente, férreo. Tu voz, que un tiempo fue alegre, se volvió poco a poco ronca y, súbitamente, chirriante.
Tu cuerpo, que un día fue opaco, ahora es transparente. Tu voz, que un día fue vibrante, ahora muere sin eco.
No agradezco los momentos suaves y alegres, ni los opacos y vibrantes (¿recuerdo su existencia?). Nada te agradezco, porque uno es reflejo de sus obras, no lo que inventa su boca, y en ti todo fue ficción. Más vale tarde que nunca, por fin te descubriste. Más vale tarde que siempre, por fin me liberaste.
No es cierto mi desamor, porque es el fin de una ficción: la de un amor que fingiste que nació y que yo quise creer. Pero es cierto mi descanso, sazonado de desprecio hacia quien no me permitió gozarlo antes, como lo es mi indiferencia al recordar que alguna vez fuimos dos. Y es cierto, al fin y al cabo, el rechazo que me produce tu persona.
Nada te deseo, ni malo ni bueno.
Nada es mi palabra, y te describe.
Fénix 09 December
Sentada en la barandilla –"corre, corre, que te pillo", parecen decir las olas que rompen bajo tus pies– tu fino pelo se alboroza con la brisa. Con mis codos sobre el cemento, con mi cabeza entre mis manos, observo tus pies en un ángulo en el que sólo parecen existir ellos y el mar, repleto de juguetonas quimeras de luz reflejadas en su superficie.
Guardo ese instante en la memoria de las cosas que no existen, porque ese momento nunca existió para mí. Pero existió para ti, y eso es suficiente para que yo también lo haya sentido. Las circunstancias que nos han alejado, que definen encuentros cada vez más breves, y que ya no nos permiten salir a beber cerveza por las noches, no impiden que tu felicidad acreciente la mía.
Hoy haré por verte. Y te agobiaré con mis conversaciones pretendidamente trascendentes. Ya sabes que me aburre lo baladí, así que hoy, si los astros lo permiten, te veré y hablaremos de política, de cine o de música, de viajes (de los tuyos, porque los míos nunca han existido), de los niños conflictivos a los que intentas iluminar el futuro, o del color de los olores o el olor de los colores, que eso poco importa.
Pase lo que pase, sabes que te quiero.
26 September
"Mucho tiempo ha pasado desde que las oí por primera vez. Al principio, cuando niño, eran las compañeras de mis juegos solitarios; más adelante fueron la réplica de mis ratos de estudios; luego, las portavoces de mis descuidos de conciencia; de mayor, se convirtieron en la expresión de mis reniegos; y ahora, por último, son los gritos de mis agobios.
Salvo en alguna ocasión en la que escapaban a mi control, nunca me crearon mayores problemas. Pero eso acabó: ya no me dejan respirar, han avanzado tanto terreno que apenas sé distinguirlas de la realidad. Ahora son las dueñas de la situación, y llego a mantener conversaciones con ellas.
Sé que sólo son las voces de mi conciencia, o de esa parte de mí que se resiste a navegar por mi mundo, pero ya han adquirido entidad. He discutido con ellas muchas veces, y sé que si me esfuerzo aún puedo lograr que las órdenes que le dan a mi cerebro no se cumplan. Ayer, sin embargo, estuvieron a punto de ganar: incluso consiguieron hacer que me moviera en contra de mi voluntad, y eso me aterroriza, porque desconozco cuál puede ser el paso siguiente: ¿se atreverán a cumplir alguno de sus irracionales deseos?
Por eso he decidido acallarlas. En este momento están vociferando, y sus gritos retumban con tal fuerza en el interior de mi cabeza que apenas puedo escribir. No quiero seguir escuchándolas, no hay nada bueno en ellas. Sólo se me ocurre una manera de hacerlo, sólo hay una manera, sólo una..."
19 September
Pensó que necesitaba sentarse un rato a oscuras para mirar al pasado, al futuro y, por qué no, al presente. El pasado le producía angustia, rabia y dolor. El futuro aparecía envuelto en una densa niebla que no permitía distinguir la más leve silueta. El presente... ¿existía realmente el presente? Cansado de ver siempre lo mismo en sus reflexiones, dejó vagar su mente.
De pronto, se encontró sentado en medio de una nada ornamentada con un precioso paisaje. Montes verdes, con escasa vegetación, que se adentraban en el mar en forma de rocas poderosas contra las que rompían las olas dejando burbujeantes rastros de espuma blanca. Allí, recostado contra el respaldo de un trono totalmente fuera de lugar, se sentía el rey de su vida, el dios del vacío. Se encontraba tan bien, sentía tanta paz, que deseó quedarse por siempre. Deseó morir allí sentado, no volver nunca a la realidad que le aguardaba tras sus párpados cerrados.
Pero entonces sonó el teléfono y, sin abrir los ojos, lo acercó a su oído. La voz que sonaba al otro lado le hizo volver en sí. Le recordó que existía una vida más allá de las brumas. Y, aunque él era incapaz de distinguirla, decidió creerla de nuevo. Durante unos días, quién sabe cuántos serían esta vez, intentaría descubrir paisajes allí donde sólo veía negro asfalto.
09 September
Cuando ella vio los ojos de él inyectados en sangre tuvo un breve momento de lucidez. Mentalmente, y a una velocidad vertiginosa, repasó todo lo que había pasado los últimos meses y, por un instante, se sintió culpable: tal vez no había actuado bien en muchas de las cosas que había hecho. Ahora, en cierto modo entendió la expresión de ira en la cara de él. No se le pasó por la imaginación que él fuera a actuar de forma violenta, nunca lo había hecho antes, y más bien siempre había adolecido de lo contrario, de una calma que rozaba lo exagerado. Pero esa cara...
Cuando él vio los ojos de ella perdidos en un punto indeterminado, la ira lo invadió de pies a cabeza. Él era incapaz de hacer daño a nadie, y sólo quería que ella analizase la situación y atendiera a razones. Pero no parecía predispuesta a hacerlo. Así que calló, y una tremenda sensación de desamparo hizo desaparecer toda la rabia y el enfado acumulados. Dio media vuelta y comenzó a caminar. Apenas había dado tres o cuatro pasos cuando se detuvo, se giró y le dijo, con voz queda y tranquila: "¿Recuerdas todas las veces que me pediste perdón y me decías que eras una mala persona y yo te contestaba que no eras mala, sino todo lo contrario, y que el problema eran los demás? Pues estaba equivocado. Tenías razón: eres una mala persona".
Y se fue, asumiendo que había perdido la partida porque ni siquiera le habían repartido cartas con las que jugar.
08 September
Se pinchó con una aguja en el dedo. Más que nada, por asegurarse de que estaba vivo. Hacía muchos días que no veía a nadie y que nadie le hablaba, por lo que había adoptado la drástica solución de dejar de comunicarse con todos. El pinchazo le dolió, así que debía de estar vivo.
¿O no? ¿Quién podía asegurárselo? ¿Y si estaba habitando en un mundo diferente, en el de los muertos? ¿Qué podía y qué no podía hacer un muerto? Demasiadas preguntas y demasiado absurdas. ¿Cómo iba a estar muerto?
Cogió el teléfono móvil. Marcó al azar uno de los números de la agenda. Tras unos breves pitidos, una voz sonó al otro lado: "Hola, J, ¿cómo es que llamas?". "Hola... ¿estoy muerto?". "¿Qué dices, tío?". "Nada, déjalo... Perdona".
Colgó. Entonces, realmente, no estaba muerto. Sin embargo, no acababa de entender cómo el rostro despedazado por un disparo que veía en el espejo podía todavía hablar por teléfono. Y cayó al suelo.
05 September
"Reconócelo. Te aburro." La mirada fija del cuerpo que yacía en el sofá no manifestó alteración alguna, a pesar de la premura que se advertía en el tono de la voz. Tras un breve silencio, los sollozos de la mujer inundaron la estancia. Hacía tiempo que pensaba que su pareja ya no manifestaba por ella el más mínimo interés. No pedía que todo fuera como al principio, cuando las sonrisas y las caricias abundaban, cuando cualquier instante era el mejor de todos para oír de sus labios un "te quiero", cuando el sexo era el final ineludible de sus largas veladas en compañía... No. Sólo quería una pequeña muestra de amor, de cariño, incluso con un poco de afecto se conformaría, pero ni siquiera eso llegaba.
"Ya no me encuentras atractiva. ¿Cuánto hace que no te apetece que hagamos el amor?" Nuevamente encontró el vacío por respuesta. Desesperada, dio media vuelta y se fue a la habitación, se dejó caer boca abajo sobre la cama y rompió a llorar. Cuando por fin logró alzar la vista, descubrió su reflejo en el espejo de la puerta del armario. Descubrió su cara enrojecida, hinchada y húmeda por las lágrimas, y el pelo alborotado, de color rojizo a causa del último intento de cambiar su imagen para atraer su atención.
"Se acabó". En esta ocasión sus palabras surgieron de su boca en un leve susurro. Decidió llevar a cabo lo que tantas veces había pasado por su mente los últimos meses. Descolgó el teléfono que había sobre la mesita de noche y llamó a su amiga: "Me voy. ¿Puedo alojarme contigo mientras encuentro un sitio donde ir?"... "Gracias". Preparó una maleta con lo indispensable y se fue sin decir adiós.
(...)
Días después regresó a buscar más cosas. Algo más alegre, vestida con tonos más llamativos, adornada con todo tipo de collares y pulseras. Cuando entró en el piso, se sorprendió al oír la televisión: se suponía que él estaría trabajando. Se acercó al salón. Allí estaba él, tendido en el sofá. Su postura no había variado lo más mínimo desde el día en que ella lo abandonó. Sin embargo, los cinco días que habían transcurrido sí habían hecho mella en su aspecto: estaba demacrado, el tono de su piel era grisáceo, y se apreciaba en el ambiente un olor desagradable, que se hacía más nauseabundo a medida que se acercaba al cuerpo tendido.
Se dirigió hacia su habitación, abrió uno de los cajones de su mesita de noche, apartó algunas de las prendas que todavía lo ocupaban y sacó un frasco de pastillas. Extrajo el prospecto: las indicaciones eran claras, eran estimulantes y advertían de la posibilidad de que la libido aumentara notable e inesperadamente. Miró las contraindicaciones. En el último párrafo se podía leer: "La administración de este fármaco en pacientes que manifiesten alergia a su componente principal puede causar severos trastornos, pudiendo llegar a producirse una parada cardio-respiratoria. Asegúrese de que su uso se efectúa en pacientes no alérgicos."
"También es mala suerte", pensó. "Pero bueno, todos creerán que era él mismo quien se las tomaba, fue una suerte conseguirlas sin receta." Descolgó el teléfono y llamó al servicio de emergencias.
24 March "Ya no te quiero, ¿sabes? Hace tiempo que no te quiero. Hace tiempo que ni siquiera siento deseos de hacerte el amor. Me aburres, me resultas intrascendente. No me aportas nada, no me motivas, estás convirtiendo mi vida en una rutina insoportable. Ya no tengo ganas ni de salir con nuestros amigos, me cargan, se me hacen pesados si estoy a tu lado. Llevo más de un año decidido a decirte todo esto, y a decirte que te dejo, que me voy, que no quiero pasar un día más a tu lado.
Lástima que te has ido y no me has dado la oportunidad de decírtelo."
TSR es un aventurero. Ha escalado las cimas más inaccesibles y descendido los cañones más agrestes, ha saltado desde increíbles alturas con paracaídas y planeado largas distancias en ala delta, ha recorrido selvas inexploradas y atravesado desiertos que ningún ser humano ha logrado cruzar.
JKL es una chica sin vivencias. Ha pasado su vida refugiada entre libros de estudio y trabajos ocasionales para pagarlos. Nunca ha probado el alcohol y sus dedos no han sostenido ni un solo cigarrillo.
TSR se ha acostado con más de doscientas mujeres, y ha saboreado los placeres de la carne escondidos en culturas ancestrales y los que se comercian en el juego nocturno de las grandes ciudades.
JKL no ha mostrado nunca su desnudez a un hombre porque aún no ha encontrado a quien ofrecerle el que ella considera su don más preciado.
El día que TSR y JKL se conocen brota una chispa de pasión que imprime una velocidad de vértigo a los acontecimientos. Bailan, cenan, se besan, hacen el amor, quedan para el día siguiente, quedan para todos los días siguientes, y se entregan a una continua danza frenética de amor, lujuria, experimentación, aprendizaje y pasión.
TSR ha abandonado sus ansias de aventura y sueña cada minuto estar con JKL, en recorrer su cuerpo palmo a palmo en una orgía sín límites. Ha renunciado a toda su vida anterior y ha buscado un trabajo estable que le permita estar cerca de ella en todo momento. Ya no bebe ni fuma, pues quiere mantenerse en perfecto estado para ella.
JKL no sabe como decirle a TSR que mañana deja la ciudad, que está cansada de esa vida sedentaria y que va a rehacer su vida junto a un chico que ha conocido que quiere escalar las cimas más inaccesibles, descender los cañones más agrestes...
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